Comunidad de vecinos
"Yo te doy dos gallinas y a cambio tú me pones la herradura al caballo".
Sin embargo, esa idea no tiene tanto sentido como parece. Más bien, resulta bastante descabellada si lo pensamos bien.
Imagina lo difícil que debía resultar que coincidieran los intereses y los recursos recíprocos de unos y otros. Por ejemplo:
"Yo tengo limones y quiero huevos, pero a la persona que tiene huevos no le gustan los limones".
Ya tenemos un buen problema.
Lo cierto es que el trueque únicamente podía servir para negociar en las ferias y mercados de la comarca donde se comercia con objetos de gran valor y no perecederos como las especias, las telas, metales y piedras preciosas, etc. Pero esto no sirve para resolver la cesta de la compra semanal o las prestaciones de pequeños servicios cotidianos.
¿Qué sucedía con las necesidades básicas en el día a día?
De manera cotidiana, los aldeanos se ayudaban entre sí voluntariamente y sin necesidad de llevar la contabilidad de aquello que donaban o recibían del grupo. Todos prestaban bienes y servicios y todos los recibían.
En realidad, en este escenario es casi imposible llevar la contabilidad de lo que cada persona te ha dado o ha recibido de tí en la comunidad, sobretodo si la prestación de bienes o servicio es bastante asidua.
Poco a poco se va creando una especie de sano caos de dar y recibir en todas direcciones y sentidos. El resultado inevitable es que se llegue a crear un compromiso mutuo para que a nadie en la comunidad le pueda faltar de aquellos recursos o servicios que hay disponibles.
Ya no era necesario devolver los favores ni contraer deudas sino solo estar disponible para quien nos pueda necesitar.
Ya no es tan importante el hecho de que unos puedan recibir más bienes o servicios que otros, sino al contrario, se crea un compromiso mutuo de que reciban más bienes y servicios aquellos que más los necesiten y biceversa.
De esta forma tan práctica podían resolverse sus necesidades, fortaleciendo al mismo tiempo, día a día, su relación de compromiso vecinal y sintiéndose plenamente integrados con sus vecinos y con su entorno.
Cada familia podía especializarse en un oficio o habilidad y dedicar semanalmente una parte de su esfuerzo al bien de los demás en la aldea. Y esto es todo.
Era una muy buena costumbre. Así no es tan difícil de imaginar ¿Verdad?
mercadodeintercambiomallorca@gmail.com
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